Tomás dio un paso adelante. Si ese riquillo idiota pensaba que por su traje caro lo iba a intimidar, estaba muy equivocado.
—Escuche —dijo, con voz baja pero firme—. Ella cumplió con todo lo que usted pidió. Si no está satisfecho, es porque sus expectativas son irreales.
El hombre rubio lo miró con desdén.
—No me interesa su opinión. No hice ningún trato con usted —lo barrió con la mirada y sus ojos volvieron al rostro de Mía—.
—Debería —replicó Tomás—. Porque no va a encontrar mejor trabajo qu