Mía le platicó a Juliana esa misma noche. Trató de que su tono fuera neutro, de que su nerviosismo por escuchar el nombre de Adriel Salazar no se filtrara.
Estaban en la sala. La luz tenue. El ambiente tranquilo.
Juliana levantó la mirada del libro que fingía leer.
—Eso es una noticia fantástica.
—Es buena paga —continuó Mía—. Muy buena. Pero necesito invertir en insumos. Flores, materiales, transporte.
Juliana cerró el libro.
—¿Cuánto necesitas?
Mía dudó.
—No quiero que…
—¿Cuánto? —insistió Ju