Adriel permaneció inmóvil mientras el auto se alejaba. Recordaba los gestos de aquel idiota y eso le revolvió el estómago.
Las luces traseras se hicieron pequeñas, luego nada.
Apretó la mandíbula. El impulso de seguirlos le quemó el pecho. De arrancar el coche. De ir tras ella y exigir respuestas. De arrebatarle el derecho a ese imbécil de decidir por ella. De casi arrastrarla por el camino como si ella fuera de su propiedad.
No lo hizo.
Inspiró despacio. Controló la respiración. Se obligó a re