Entre cuentas que pagar y un refri que con esfuerzo se medio llenaba de comida, pasaron un par de meses.
El vientre de Mía comenzaba a notarse. No era grande, pero sí lo suficiente para recordarle cada mañana que ya no estaba sola dentro de su propio cuerpo. Una curva leve bajo la ropa, casi tímida, pero imposible de ignorar.
Se miró en el espejo del baño y apoyó una mano sobre su abdomen.
Había días en los que todavía le costaba creerlo.
Pensó en Juliana. En su paciencia. En su forma de no hac