Dos días después…
La casa estaba en silencio.
Pero no era el mismo silencio de siempre.
Ahora tenía peso. Un peso que se le posaba sobre los hombros y se le metía debajo de la piel.
Stephanie se abrazó a sí misma. No tenía frío. Era otra cosa. Una sensación viscosa que le recorría la nuca y le bajaba por la espalda.
Bajó la mirada hacia el teléfono que sostenía entre las manos. La pantalla estaba apagada. Sin notificaciones. Aun así, no lo soltaba. Lo apretaba como si fuera un salvavidas… o u