La sala de visitas de la prisión federal era blanca y fluorescente y olía a desinfectante y tiempo.
No al tiempo de los calendarios. Al tiempo de las instituciones: ese olor específico que acumulan los lugares donde las horas pasan sin ningún sitio adonde ir.
Evelyn la conocía. Ya había estado antes aquí. Pero la última vez no había tenido a Helena en brazos y esa diferencia hacía que la sala se viera diferente, más pequeña, más expuesta bajo la luz que aplana todo al mismo tono.
Esperaron cinc