Harrison llegó al penthouse a las seis de la tarde con una carpeta gruesa, dos asistentes que no dijeron sus nombres y la energía específica de alguien que lleva días sin dormir pero que ha convertido el insomnio en combustible.
Lucas y Sophie estaban en casa de Claire.
Era mejor así.
Lo que iba a ocurrir en ese salón durante las próximas horas no era para oídos de siete años.
Harrison abrió la carpeta sobre la mesa del comedor sin preámbulos. Fotos. Documentos. Cronologías impresas en papel ta