El árbol tenía veintidós adornos que Lucas había puesto él solo.
Los contó tres veces para estar seguro. Luego hizo una lista en papel y la pegó en la nevera con un imán de dinosaurio, por si alguien añadía más sin avisar.
—No te obsesiones —le dijo Sophie con la autoridad de quien tiene un año más.
—No me obsesiono. Solo llevo el registro.
—Eso es obsesionarse.
Lucas consultó la lista. Sophie siguió decorando con la indiferencia de quien ya ha ganado el argumento.
El penthouse olía a canela y