Los niños se quedaron dormidos a las once y cuarto.
Lucas aguantó hasta las once y doce antes de que los ojos se le cerraran solos en mitad de la cuenta regresiva que veían en la televisión. Sophie cayó tres minutos después, en el sofá, con un globo de helio todavía en la mano y la cara completamente relajada.
Nathan los llevó a sus cuartos con el cuidado lento de quien sabe que no hay prisa y que el mundo puede esperar este minuto específico.
Evelyn esperó en la terraza.
El frío de enero era d