La llamada llegó un miércoles por la tarde.
—Oye.
Una pausa al teléfono. Madison, que nunca pausaba. Madison, que llevaba años teniendo la energía de alguien que ha encontrado el propósito correcto y que no necesita parar antes de hablar porque hablar y pensar le ocurrían al mismo tiempo.
Esta vez pausó.
—Estoy comprometida.
Evelyn dejó el bolígrafo.
—¿Cuándo?
—Esta mañana. En la cocina. Thomas hizo los gofres que sé que le salen mal y que hace cuando tiene algo importante que decir porque cree