El sobre llegó un miércoles de marzo.
Lucas lo recogió del correo del edificio en el camino de vuelta del colegio, lo sostuvo en la mano durante el ascensor, y lo depositó sobre la mesa de la cocina sin abrirlo con la actitud de quien ha identificado el peso de algo antes de saber el contenido.
—¿Qué es eso? —dijo Helena, que tenía cinco años y la memoria operativa de un sistema que registra todo lo que entra al penthouse.
—Un sobre.
—¿De quién?
—De Columbia.
Helena lo procesó.
—¿La universidad