Harrison llamó un martes.
Sophie estaba en el comedor con el cuaderno de derecho abierto y el expediente del caso que había encontrado en los archivos públicos hace tres semanas y que llevaba tres semanas sin resolver porque le faltaba un elemento que no podía ubicar todavía.
El teléfono vibró sobre la mesa.
Era Harrison.
—Tengo un caso de custodia que necesita a alguien que lo vea bien —dijo Harrison—. ¿Tienes tiempo este miércoles?
Sophie cerró el cuaderno.
—¿Para qué?
—Para observar. Nada má