No dormí.
Ni siquiera lo intenté.
A las seis de la mañana, ya estaba vestida. Jeans. Suéter negro. El cabello recogido en una cola de caballo tensa.
Nathan dormía en el sofá de su estudio. Se había quedado allí después de nuestra conversación. Sin decir nada más. Solo esa pregunta suspendida en el aire.
¿Y si no estás mintiendo?
No le dejé nota.
No sabía qué decir.
Tomé mi bolso y salí del penthouse.
El sol apenas comenzaba a teñir el cielo de rosa. Las calles de Manhattan todavía estaban tranq