Roma fue primero.
El vuelo aterrizó a las siete de la mañana, con ese cielo de principios de noviembre que en Roma tiene una calidad diferente al de Nueva York: más antiguo, como si la luz llevara encima de ella el peso de todas las cosas que había iluminado antes.
Nathan recogió el equipaje. Evelyn esperó en la terminal con un café italiano que era tan diferente al café americano que por un momento fue como llegar a un idioma que conoces pero que hablas menos de lo que quisieras.
El hotel era