Cumplió 36 años un sábado de octubre.
Se enteró de que había fiesta sorpresa en el momento en que entró al penthouse desde el ascensor y las luces se encendieron y doce personas gritaron algo que no llegó a distinguir como palabras porque el volumen y la sorpresa la hicieron dar un paso atrás y llevarse la mano al pecho con el gesto involuntario de quien acaba de llevarse un susto que resultó ser alegría.
—Sabías algo —le dijo a Nathan después, cuando la conmoción inicial se había asentado y te