La sala de interrogatorios olía a café viejo y desesperación.
Madison estaba sentada al otro lado de la mesa, rodeada de abogados que tomaban notas como buitres esperando carroña. Sus manos temblaban alrededor de un vaso de agua que no había tocado.
Nathan me guio hacia dentro con una mano en mi espalda. El contacto quemaba a través de la tela de mi vestido.
—Quiero hablar con ella a solas —dije.
Harrison alzó la vista de sus documentos.
—Señora Blackwood, no es recomendable...
—No fue una preg