Madison estaba sentada en la sala de espera del piso ejecutivo.
La última vez que la vi, llevaba las sábanas de mi cama envueltas alrededor de su cuerpo desnudo. Ahora vestía un traje gris que no le quedaba bien, el cabello recogido en un moño descuidado, y ojeras que delataban noches sin dormir.
Se levantó cuando nos vio llegar.
—Evie...
—No me llames así.
El apodo de mi infancia sonaba obsceno en sus labios. Como una profanación de todo lo que alguna vez fuimos.
Madison bajó la mirada.
—Merezc