Nathan lo puso sobre la mesa del comedor un domingo por la tarde con el gesto de quien deposita algo frágil en el único lugar donde podría sobrevivir intacto.
Un cuaderno de tapas negras.
Lleno.
—Llevo ocho meses escribiendo algo que no sé si es publicable —dijo.
Evelyn levantó la vista de la pantalla.
Lo miró a él. Luego miró el cuaderno.
—¿Lo puedo ver?
—Ya lo viste. Los borradores de los últimos meses.
—Entonces ¿por qué ahora está en la mesa?
Nathan se sentó frente a ella con las manos abie