La llamada de la maestra llegó un martes a las once y cuatro minutos.
Evelyn tenía el portátil abierto y el cursor parpadeando en el capítulo diecisiete de la segunda novela cuando el teléfono vibró sobre el escritorio. No era Harrison. No era Diana. Era el número del preescolar de Helena con la calidad específica de las llamadas que no se esperan pero que tampoco sorprenden del todo.
—Señora Blackwood. Soy la maestra Rita, del grupo de Helena. Todo está bien. Helena está bien. Pero esta mañana