Valeria llegó tarde a la tutoría. Había tenido que ir al ambulatorio con su madre, y el olor a desinfectante barato parecía haberse impregnado en su ropa. Al entrar en el despacho, Damián alzó la vista y sus fosas nasales se dilataron levemente, como un animal detectando un rastro.
—Hueles a hospital —dijo, sin preámbulos.
Valeria se detuvo en seco, sintiendo una ola de vergüenza. Intentó mantener la compostura.
—Mi madre tuvo una revisión. No pude evitarlo.
—No es una crítica —aclaró él, levan