Inicio / Mafia / Mi alumna, mi obsesión favorita / Capítulo 6: Una beca inesperada
Capítulo 6: Una beca inesperada

El director Morales sonreía tras su escritorio, con la carta de adjudicación extendida frente a Valeria como si fuera un tesoro. Damián Rey estaba de pie junto a la ventana, observando la escena con satisfacción.

—¡Felicidades, Valeria! —anunció el director—. Has sido la beneficiaria de la Beca de Excelencia Académica "Futuro Brillante". Cubre matrícula, materiales, manutención y alojamiento en la residencia universitaria.

Valeria tomó la carta con manos temblorosas, sus ojos recorriendo las palabras una y otra vez. —No lo puedo creer... ¿De verdad es para mí?

—Por supuesto —intervino Damián, girándose hacia ella—. Eres la candidata perfecta. Tal como le dije al director.

—El profesor Rey ha sido... muy insistente con tu caso —comentó Morales, limpiándose el sudor de la frente con un pañuelo.

—Solo he defendido lo evidente —replicó Damián con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. El talento debe ser recompensado.

Cuando salieron del despacho, Valeria todavía sostenía la carta como un talismán. —No sé cómo agradecérselo, profesor. Esto cambia todo.

—El agradecimiento se demuestra con resultados —respondió él—. Y llámame Damián. Después de todo, seré tu tutor personal durante los próximos años.

—¿Tutor personal? —preguntó ella, sorprendida—. Eso no venía en la beca.

—Es un añadido —dijo él, deteniéndose para mirarla—. Considero que tu potencial requiere una guía constante. A menos que te moleste...

—¡No! Para nada —respondió ella demasiado rápido, sintiendo que se ruborizaba.

Más tarde, en el patio, Sofía se acercó corriendo. —¿Es cierto? ¡Todo el mundo habla de tu beca!

Valeria mostró la carta, todavía emocionada. —Sí, es verdad. Puedo mudarme a la residencia esta misma semana.

—Increíble —murmuró Sofía, pero su sonrisa no alcanzaba sus ojos—. Y todo gracias al profesor Rey, supongo.

—Él apoyó mi solicitud —admitió Valeria—. Pero fue por mis notas.

—Claro —dijo Sofía, con un deje de sarcasmo—. Solo por tus notas.

Esa tarde, Sofía esperó cerca del despacho de Damián, arreglándose el pelo repetidamente. Cuando lo vio acercarse, se interpuso en su camino.

—Profesor Rey, quería felicitarlo —dijo con su voz más dulce—. Por la beca de Valeria. Fue muy... generoso de su parte.

Damián ni siquiera disminuyó el paso. —No fue generosidad, fue justicia académica.

—Es que... —Sofía tocó su brazo—. Yo también tengo muy buenas notas. Quizás podría considerar...

Él se detuvo bruscamente y miró su mano sobre su brazo como si fuera un insecto. —¿Considerar qué?

—Bueno, yo también merezco oportunidades —dijo ella, bajando la voz—. Y podría ser... muy agradecida.

Damián soltó una risa fría. —¿Estás intentando seducirme para conseguir una beca?

—No lo diría así —respondió Sofía, ruborizándose—. Solo pensé que quizás...

—Escúchame bien —dijo él, acercándose tanto que ella retrocedió instintivamente—. No me interesan tus notas, ni tu gratitud, ni tu patético intento de manipulación. Solo hay una Valeria Solís en este instituto. Y solo hay una persona que me interesa. Tú eres invisible para mí.

Sofía palideció como si la hubiera golpeado. —¿Cómo se atreve...?

—¿A ser honesto? —cortó él—. Es uno de mis pocos lujos. Ahora, quítate de mi camino.

La dejó temblando en el pasillo y entró en su despacho, cerrando la puerta con firmeza.

Minutos después, Valeria llegaba para su primera sesión de tutoría formal. —Hola, profe... Damián. ¿Está todo bien? Acabo de ver a Sofía salir llorando.

—Problemas adolescentes —dijo él, despreocupado—. Nada que deba preocuparte. Siéntate.

Mientras Damián explicaba los detalles del programa de tutorías, Valeria no podía dejar de notar cómo su actitud había cambiado desde la mañana. Estaba más intenso, más posesivo.

—La beca incluye todos los gastos —decía él—, pero yo supervisaré tus gastos personales. Quiero que te concentres solo en estudiar.

—Es demasiado —protestó ella suavemente—. No quiero abusar.

—No abuses —respondió él, mirándola fijamente—. Acepta lo que te doy. Es lo mínimo que mereces.

—¿Y qué debo dar a cambio? —preguntó Valeria, conteniendo la respiración.

—Tu lealtad —respondió él sin dudar—. Tu confianza. Y tu tiempo. Eso es todo.

Mientras hablaban, Sofía observaba desde la ventana del pasillo, con lágrimas de rabia corriendo por sus mejillas. Cada sonrisa que Valeria le dirigía a Damián, cada mirada de aprobación que él le devolvía, era como un cuchillo en su corazón.

Al día siguiente, en el café de la universidad, Sofía se acercó a Valeria con expresión sombría.

—¿Sabes lo que hizo ayer tu precioso profesor? —preguntó, sin preámbulos.

—¿A qué te refieres? —preguntó Valeria, confundida.

—Me humilló —dijo Sofía, con la voz quebrada—. Me dijo que era invisible. Que solo le interesabas tú.

Valeria negó con la cabeza. —Debes haber entendido mal. Damián no...

—¡Damián! —la interrumpió Sofía—. ¿Ves? Ya lo llamas por su nombre. ¿Crees que es casualidad que consiguieras todo lo que querías justo cuando él llegó? ¿La beca, la residencia, la atención?

—Tengo buenas notas —replicó Valeria, defendiéndose—. Me lo he ganado.

—¿De verdad te crees eso? —Sofía soltó una risa amarga—. Está obsesionado contigo. Y tú estás demasiado ciega para verlo.

Esa tarde, durante la tutoría, Valeria estaba callada.

—¿Algo te preocupa? —preguntó Damián, notando su distracción.

—Es Sofía —admitió ella—. Dice que... que la trataste mal ayer.

Damián no mostró emoción alguna. —¿Y le crees?

—No sé qué creer —susurró Valeria.

—Entonces déjame aclararte las cosas —dijo él, poniéndose de pie y acercándose a ella—. Tu amiga intentó usar sus... encantos... para conseguir una beca. Yo la rechacé. No me interesa el sexo como moneda de cambio. Solo me interesa el talento verdadero. Y tú lo tienes.

—¿Solo por mi talento? —preguntó Valeria, mirándolo a los ojos.

—Por tu talento —respondió él, acariciándole la mejilla con el dorso de los dedos—. Por tu fuerza. Por esa luz que tienes dentro. Todo lo demás es ruido de fondo.

Mientras salía del instituto, Valeria se sentía confundida. Las palabras de Sofía resonaban en su mente, pero la fe que Damián tenía en ella era como un ancla en medio de la tormenta.

En su despacho, Damián miraba el expediente académico de Sofía. Marcó un número.

—Cambien las clases de la señorita Sofía Ramírez —ordenó—. Que no comparta ningún curso con Valeria Solís. Y vigilen sus interacciones. No quiero que envenene la mente de nuestra becaria.

Cortó y sonrió. Todo estaba saliendo según su plan. Pronto, Valeria no tendría a nadie más en quien confiar excepto en él. Y eso era exactamente lo que quería.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP