La casa estaba sumida en una tranquilidad engañosa. El murmullo del televisor llenaba el espacio con un sonido monótono, y el aire tenía ese aroma familiar de hogar, una mezcla de café y madera vieja. Tatiana estaba en el sofá, envuelta en una manta, sus piernas inmóviles bajo el tejido grueso. El control remoto descansaba en su regazo mientras sus ojos vagaban por la pantalla sin realmente ver lo que pasaban.
Tres golpes secos en la puerta rompieron la quietud.
Tatiana no se movió, pero su her