La brisa mediterránea susurraba entre los olivos, llenando el aire con el aroma fresco de la tierra y la sal del mar distante.
Svetlana caminaba lentamente por los jardines de la mansión, con su brazo entrelazado con el de su padre. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que pudieron estar juntos de esa manera, sin miedo a las sombras que los acechaban. Alexei, sin embargo, no compartía su tranquilidad. Sus ojos recorrían el paisaje con cautela, como si esperara que en cualquier momento