El comedor estaba iluminado con una cálida luz dorada, pero la atmósfera era cualquier cosa menos acogedora. La mesa, de madera oscura y pulida, estaba puesta con una elegancia sobria: copas de cristal tallado, cubiertos de plata, platos de porcelana. A primera vista, podría parecer una cena civilizada, pero bajo la superficie bullía una tensión densa, pesada...
Dante Bellandi cortaba su filete con una calma meticulosa. Sus movimientos eran fluidos, precisos, como si nada en el mundo pudiera al