La luz de la madrugada entraba por las persianas de la suite clínica. El monitor marcaba un compás tranquilo; el olor a algodón, a piel nueva y a desinfectante se mezclaba en un perfume que Dante recordaría toda su vida. Tenía a Gianluca dormido sobre el pecho, piel con piel, el pequeño puño cerrado atrapándole la cadena del cuello. Alexei respiraba en la cuna térmica con esa seriedad diminuta de los que llegan sabiendo secretos. Erika, hecha de un puñado de almendra y bruma, succionaba del pec