El grito de Svetlana retumbó en las paredes de la habitación como si hubiera roto más que el agua. Dante reaccionó antes de pensarlo: la cargó entre sus brazos y gritó el nombre de Ásgeir, luego de Fabio... con la voz de un jefe que ordena y de un hombre que tiembla.
La casa, entrenada para emergencias de plomo y pólvora, ahora se movilizaba por un nacimiento. Los hombres corrieron a abrir paso, las muchachas dejaron caer paños de cocina y libros; Fabio ya estaba en la puerta con el teléfono en