Giovanni se apoyó en el barandal del segundo piso, con los nudillos blancos de tensión. Desde allí, tenía vista directa al corazón de la casa. El movimiento era inusual. Inquietante. Los hombres de Dante iban de un lado a otro, con pasos veloces pero contenidos, sin hablar entre ellos más de lo necesario. El ritmo era exacto. Metódico. Ensayado. Como si algo hubiera sido activado sin aviso.
La atmósfera se sentía distinta.
Entrecerró los ojos.
Vio a Svetlana caminando al lado de Ásgeir, interca