El sol aún no trepaba del todo por las colinas, pero su luz comenzaba a teñir los árboles con un resplandor dorado. En el interior de la casa segura Bellandi, el día no traía promesas ni esperanza. Solo preparación.
Los planos se extendían sobre la gran mesa de roble como un campo de batalla aún por trazar. Pantallas proyectaban imágenes térmicas y datos en tiempo real. Veinticuatro hombres, todos entrenados, todos fieles, ocupaban posiciones en la sala o se desplazaban afuera, siguiendo instru