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La sesión comenzó sin el ritual.

No hubo pausa en la puerta, no hubo el instante calculado en que Ariadna solía detenerse a decidir cómo iba a sentarse, qué versión de sí misma iba a traer a esa habitación. Entró, se sentó, y lo miró con una directitud que Damien no había visto antes en ella, o quizás sí había visto, pero nunca dirigida hacia él.

—¿Sabías quién era desde el principio?

No era una pregunta que esperara respuesta. Era una pregunta que esperaba que él mintiera para poder destruir l
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