La sesión comenzó con una mentira pequeña.
Damien dijo que era un ejercicio estándar. Lo dijo con la misma cadencia con que podría haber dicho *tome asiento* o *¿cómo estuvo su semana?*, con esa neutralidad clínica que había perfeccionado durante años y que ahora usaba, por primera vez, para encubrir algo. Ariadna lo creyó porque no tenía razones para no hacerlo, y porque la confianza, cuando se construye despacio y con cuidado, termina siendo el arma más silenciosa que existe.
—Voy a decir pal