La caja llegó sin aviso.
Ariadna la encontró en el armario de la entrada, detrás de los abrigos que ya nadie usaba, con una etiqueta escrita a mano que decía *cosas de antes* con una letra que reconoció como suya aunque no recordaba haberla escrito. Supuso que había sido uno de esos gestos automáticos de los periodos de crisis: guardar para no ver, etiquetar para no olvidar del todo, esconder para no tener que decidir.
La llevó al salón y la abrió sobre la mesa de centro.
Había cartas, algunas