La sorpresa en el rostro de Nicolás fue inmediata.
Lía continuó, temblando:
—Yo pensé… pensé que tal vez era hija de mi padre. Que esa bebé era fruto de algo que él nunca quiso contar, y que la madre la había abandonado. Fue lo único que pude imaginar en ese momento. Todo era confusión, dolor… y después de su muerte, yo simplemente… la abracé. No pude dejarla sola.
La voz de Lía se quebró. Sus manos, apretadas en el regazo, revelaban la tensión que la consumía.
—No lo sabe nadie —agregó en u