La habitación estaba en silencio, solo interrumpido por el suave murmullo de los recién nacidos.
Lía los observaba con una mezcla de asombro y ternura infinita.
Una niña y un niño… sus gemelos. Tan pequeños, tan frágiles, tan perfectos.
Los miraba dormir, con las manitos cerradas y los rostros serenos, y una lágrima se deslizó lentamente por su mejilla. Era una lágrima de amor… y también de soledad.
Había deseado este instante con todo su corazón, pero en el fondo, una parte de ella sentía e