Capítulo 67: Esperanza Renacida.
El camino hasta la hacienda se llenó de emoción.
Lía no podía dejar de mirar por la ventana, como si el paisaje le respondiera con promesas de calma. En el asiento trasero, los gemelos dormían plácidamente, envueltos en suaves mantas. Cada pequeño suspiro de ellos le recordaba lo afortunada que era de tenerlos vivos, sanos, a su lado.
Cuando el coche se detuvo frente al portón principal, el corazón de Lía comenzó a latir con fuerza.
Lucía debía estar allí, esperándola.
Apenas el vehículo cru