Con el poco dinero que tenía, buscó en el centro un vestido sencillo, de tela ligera y corte discreto. No era de diseñador, ni mucho menos, pero cuando se lo probó frente al espejo descubrió que le realzaba la figura de un modo inesperado. Aquel vestido, con su modestia, resaltaba su belleza natural; la hacía ver fresca, elegante, y sin proponérselo, la convertía en una mujer imposible de ignorar.
El día de la boda, al llegar al salón, las miradas se giraron hacia ella como imanes. No era la no