El aire era denso, irrespirable. La noche había caído completamente, y sin embargo, Daniela seguía allí, con los dedos entrelazados en su regazo, mirando hacia la oscuridad. La brisa no era suficiente para calmar el incendio que tenía en el pecho.
Se sentía vacía, como si algo hubiera sido arrancado de dentro de ella sin anestesia. Lo peor no era lo que Antonella había dicho, sino su calculadora forma de actuar, solo porque ella, la vio como una amenaza.
Y Antonella había hablado de eso como si