El domingo amaneció con el cielo despejado, y un radiante sol que se filtró por las cortinas de la habitación. Melissa se levantó algo cansada, con el cuerpo aún adormecido por el sueño interrumpido de la noche anterior, y demoró un tiempo restregando sus ojos, para girarse a su lado y ver a Luca dormido plácidamente a su lado con la boca abierta.
Fue imposible no sonreír con ternura y se apresuró por besar su mejilla.
Se obligó a levantarse y el espejo no mintió, sus ojos mostraban el peso de