Daniela sintió que la ansiedad se apoderaba de su cuerpo mientras esperaba en la sala principal de aquella clínica, donde habían ingresado a su madre hace unas horas.
Entonces sintió que alguien le tocó el hombro y al levantar la mirada, vio a Titus delante de ella.
—Deberías irte a descansar…
Ella se levantó rápidamente.
—¿De qué está hablando? Es mi madre, y no hemos visto a nadie venir a decirnos que tiene.
—Ya hablé con el médico.
—¿Qué? ¡Yo soy su hija! —De un momento a otro, Titus tomó su