‘‘Quizás sea más fácil si tú me diriges ‘‘dice. Toma mi mano y rodea con ella su polla, muy dura y muy hinchada.
¡Ay, muchacho! Su respiración se entrecorta y mi corazón se detiene cuando mis dedos lo agarran.
Vaya, ¿quién lo diría?
Su polla se sacude. Es una piel caliente y suave, por no hablar de su tamaño. Se me hace la boca agua. ¡Collin es enorme! Reprimo mi deseo de explorar. ¡Vaya, de quién fue la idea clínica? ¡Es eso siquiera posible! Otra oleada de calor inunda la parte inferior de mi