‘‘¿Y qué pasa con mi polla? ‘‘pregunto, justo cuando ella me chupa la lengua, lanzando una ráfaga de placer hacia el sur.
Daisy no dice nada. En cambio, sus dedos ávidos desenredan mis pantalones y liberan mi pene dolorido. Cuando me aprieta suavemente, dejo escapar un fuerte gemido.
Me bajo los pantalones y los bóxers sin romper el contacto. Daisy me agarra y me presiona contra su entrada.
‘‘Soy tuya ‘‘dice ella, girando la cabeza y con los ojos vidriosos de pasión’‘. Collin, te deseo ahora ‘‘