A pesar de que mi cuerpo no quería responder, no dejé que la ansiedad me invadiera y me giré lo más tranquila que pude , para ver parado frente a mi al mismísimo Kim Collins.
– Buenas señor Collins, cuanto tiempo – sonreí para parecer calmada.
– Luar desde cuándo estás aquí? – preguntaba acercándose a mi.
Mi reacción fue dar dos pasos hacia atrás y él se percató por lo que se quedó donde estaba.
– Solo estoy de paso resolviendo unos inconvenientes – respondí tajante.
– ¿Y el pequeño o la pequeñ