Todo estaba en caos. En medio de esta confusión, nadie se dio cuenta de que la Corona de Rosas que Celia llevaba en la cabeza ya había desaparecido.
Celia, al ver la escena frente a ella, sintió como si un rayo la hubiera golpeado. Se quedó paralizada al ver el contenido que se proyectaba en la pantalla; su corazón ardía de terror. En realidad, no necesitaba mirar la pantalla; lo que estaba viendo era el resultado de sus propias acciones, su propia voz. ¿Cómo podría no saberlo?
Ahora solo sabía