—Leandro, ¿te sientes mal? ¿Qué pasa? —Celia, notando que Leandro no estaba bien, se acercó y preguntó con preocupación. No quería que hubiera ningún contratiempo con el contrato.
Leandro se controló con esfuerzo, despertó bruscamente y, cuando se dio cuenta, estaba sudando como si hubiera salido del agua.
—Ay, tus manos están frías, pero sudan tanto —dijo Celia, acercándose y tocando las manos de Leandro.
—Estoy bien —respondió Leandro, retirando su mano.
Volvió a tomar la pluma y firmó su nomb