Cuando Leandro vio a Celia, su mirada se tensó. Sonrió sin mostrar sus verdaderos sentimientos.
Celia bajó las escaleras y se acercó a Leandro; bajo su escrutinio, no pudo evitar arreglarse el cuello alto. Maldición, los moretones aún no habían desaparecido. Tenía que vestirse así; el incidente de ese día se volvía más asqueroso cada vez que lo pensaba.
Afortunadamente, Juan estaba muerto, y después de hacer averiguaciones, descubrió que la policía no había dado mucha importancia al encontrar el