Luna miró a Leandro con incredulidad. No podía creer que hubiera escuchado esas palabras de sus labios. ¿Se disponía a abandonar a Sía?
Sin pensarlo dos veces, levantó la mano y le propinó una bofetada. ¡Paf! El sonido resonó en la habitación, claramente audible.
—Leandro, ¿cómo puedes decir algo así? —Luna tenía la mirada enrojecida; sus ojos se tornaron rojos en un instante.
Nadie podría reemplazar el lugar que Sía ocupaba en su corazón. Incluso si en ese momento llevaba dos hijos en su vientr