Otro lado. Clínica en las afueras de Cantolira.
Luna abrió sus pesadas pestañas y, al ver el entorno blanco, se sintió desconcertada por un momento. ¿Estaba en el cielo? ¿Se había muerto? Su cuerpo se sentía liviano, sus extremidades estaban entumecidas, como si no fueran suyas.
A medida que los aparatos cercanos emitían sonidos mecánicos, junto con el aroma distintivo del desinfectante en el aire, comenzó a distinguir su entorno. La habitación no era grande y parecía sencilla; probablemente era