Leandro miraba por la ventana del coche, sin apartar la vista durante largo rato. Hasta que, detrás de ellos, comenzaron a sonar bocinas, una tras otra, insistentes en su llamada.
—Señor Muñoz, estamos obstruyendo el camino, debemos irnos —Yael le habló suavemente.
—Vale —Leandro volvió en sí.
—¿Señor, necesita que llame a la señorita López para que suba al coche? —Yael preguntó con cautela.
Ahora que Leandro estaba con Celia probándose el vestido de novia, llamarla "señora Muñoz" ya no era apro