Después de aplicarse la medicina, Luna sintió un escalofrío. Ese tipo de movimiento era demasiado arriesgado. Se tensó por completo, sin atreverse a moverse, abrazándose fuertemente y encogiendo su cuerpo.
El ungüento hizo efecto rápidamente, y la punzada inicial fue reemplazada por una sensación de frescor, que llegaba en oleadas y resultaba bastante agradable. A medida que el ungüento se absorbía, dejó escapar un ligero gemido.
Miró de reojo a Leandro, quien tenía la cabeza inclinada, y sus la