Antes de que pudiera contar hasta "tres", Luna ya había corrido desde detrás de Diego hasta el lado de Leandro. Levantó la vista tímidamente hacia Diego y esbozó una leve sonrisa.
—Señor Fernández, usted está pensando de más. No estoy a merced de él. Quiero volver en el coche del señor Muñoz, no quiero molestarle. Estoy aquí de buena gana.
Diego no entendía su confusión y menos aún lo que había pasado con Sía. Ella no quería que Diego se involucrara demasiado; eso solo complicaría las cosas. Si