Luna tenía lágrimas en los ojos mientras luchaba con todas sus fuerzas. Víctor, enfurecido por sus patadas y golpes, levantó la mano para abofetearla.
—Grites lo que grites, Leandro no vendrá a salvarte. ¡Olvídalo! ¡Mujercilla, te lo mereces!
Estando a punto de recibir el golpe, Luna cerró los ojos instintivamente, preparándose para lo peor. Sabía que si le daba varias bofetadas, terminaría con la boca llena de sangre. Pero, para su sorpresa, el dolor no llegó. En cambio, se sintió más ligera.
D